Entre los meses de Marzo a Julio, estoy un poco ausente (por motivos de trabajo).
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CANCER DE MAMA

Una investigación, dirigida por JOAN MASSAGUÉ ,logra frenar las metástasis del cáncer de mama en tejidos humanos
La pérdida de unas moléculas facilita la expansión de las células tumorales
Cuando se restauran estos elementos, se interrumpe la invasión de otros órganos

Massagué trabaja a medio camino entre Nueva York y Barcelona (Foto: EFE Villar López)
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MARÍA VALERIO
MADRID.- Aunque las metástasis son la principal causa de muerte entre los pacientes con cáncer, el mecanismo que permite que algunas células malignas abandonen el tumor primario y viajen hasta otros órganos del cuerpo humano sigue estando rodeado de grandes lagunas para los investigadores. Un trabajo del equipo que dirige en Nueva York el español Joan Massagué y que publica esta semana la revista 'Nature' aporta nuevas pistas para comprender este proceso.
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Según estos investigadores, la clave para entender por qué las células del cáncer de mama son capaces de mestastatizar en huesos y pulmones (sus localizaciones 'preferidas') podría estar en unas pequeñas moléculas del llamado 'ADN mensajero' (ARN o RNA según sus siglas en inglés): los microRNAs.
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Estas pequeñas moléculas en forma de horquilla representan apenas un 1% del genoma humano pero juegan un papel clave en la regulación del ciclo celular, ya que son capaces de anular o modificar simultáneamente múltiples genes.
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En el trabajo, en el que han colaborado los departamentos de Medicina y Patología del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York (MSKCC), se han identificado algunos de estos microRNA claves en el origen de las metástasis del cáncer de mama. Probablemente "tan importantes como los genes clásicos que se han estudiado anteriormente" en opinión de Massagué.
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Los científicos descubrieron que la mayoría de los tumores agresivos carecen de tres de estas moléculas clave. Uno de ellos, miR-126, influye en la tasa de proliferación celular; mientras que otros dos, miR-335 y miR-206, regulan un grupo de seis genes que aumentan el riesgo de que las mujeres con cáncer de mama sufran metástasis.
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Además, demostraron que es posible reactivar esos pequeños fragmentos de ácido ribonucleico o RNA, ausentes en los casos de cáncer más agresivos, para lograr que los tumores pierdan su capacidad para extenderse más allá de su localización originaria.
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Tratamiento y pronóstico
Massagué, que está el frente del Programa de Biología y Genética del Cáncer en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center, es además director adjunto del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB), donde supervisa precisamente un laboratorio dedicado al estudio de las metástasis del cáncer.
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Aunque cautos sobre las aplicaciones de sus descubrimientos, estos científicos consideran que sus resultados pueden proporcionar a los médicos mejores herramientas para estimar el riesgo de reproducción del tumor, y aportan nuevas ideas para intervenir contra la metástasis mediante nuevos fármacos. Además, no descartan la posibilidad de que estos conocimientos sirvan para desarrollar tests que permitan predecir qué mujeres con cáncer de mama son más proclives a desarrollar metástasis en el futuro.
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Estos microRNAs, añade el especialista español desde Nueva York, "enriquecen la lista de componentes genéticos que utilizan las células del tumor para promover las metástasis. Cuanto más completa sea esta lista, mejor vamos a poder afrontar la necesidad de pronosticar el riesgo de metástasis al extirpar el tumor inicial y más elementos habrá para intervenir terapéuticamente".
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Otros tumores, otras metástasis
"Es como si estuviese estropeado el freno de mano", explica Roger Gomis, investigador ICREA en el Laboratorio de Metástasis del IRB. "Cuando se pierden los niveles de estos microRNAs se produce un aumento de ciertos genes responsables de las metástasis, por lo que si se quiere actuar sobre ellos parece más inteligente tratar de controlar el mecanismo superior que los gestiona". Por el contrario, cuando los investigadores lograron devolver los microRNAs a sus niveles normales en células en cultivo, se pudo frenar la expansión de las metástasis.
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Además, como el propio Gomis destaca, el trabajo ha sido capaz de confirmar en muestras reales de pacientes con cáncer de mama lo que ya había observado en cultivos celulares y ratones en el laboratorio. De hecho, al analizar genéticamente los datos de 368 mujeres con un tumor mamario, observaron que aquellas con mayores niveles de los seis genes que controla miR-335 eran las más propensas a sufrir metástasis. "Eso es importante, porque significa que los resultados no son una mera teoría, ni flor de un día", apunta Gomis, "son un hecho".
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En la actualidad, en los laboratorios del Memorial se investiga ya el papel de estos mismos fragmentos de RNA en otros tumores como los de colon y pulmón para confirmar si también propician las metástasis como se ha descubierto en el cáncer de mama. "Ésa es la siguiente pregunta que habrá que responder", concluye Gomis: "Si estos microRNAs controlan todas las metástasis del cáncer de mama, vayan a donde vayan; y si controlan todas las metástasis que se forman en huesos y pulmones. Vengan de donde vengan".
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